Monasterio Cisterciense Santa María la Real de Villamayor de los Montes -Burgos, España-

Cruz

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La comunidad está creciendo

Una ocasión para DAR GRACIAS A DIOS, ALABAR , TESTIMONIAR Y BENDECIR SU NOMBRE

 



Crónica del encuentro- Noviembre de 2011

TEMA: El valor del sufrimiento e Iniciación a la Regla de San Benito

Nuestro hno. Ignacio, miembro de la comunidad laica cisterciense de Santa María, fue el encargado de hacer la crónica en esta ocasión. En las siguientes líneas dejamos constancia de sus impresiones:Noviembre_Ignacio

CRÓNICA DEL ENCUENTRO

El valor redentor

del dolor y el sufrimiento

11, 12 y 13 de noviembre de 2011

El Encuentro empieza, como siempre, con la llegada de los primeros hermanos el viernes por la tarde antes de Vísperas.En esta ocasión Ignacio, ha recogido a Tina cerca de la Catedral de Burgos. Ella ha llegado en tren a las 15:00h, pero como él tenía una comida familiar han quedado en el centro a las 17:00h.
Nos alegramos de encontrarnos todos, especialmente con los nuevos amigos pues su presencia es para todos un motivo de esperanza.
El sábado por la mañana transcurre plácido y con un silencio envolvente y reparador que se rompe a las 12:00h por la campana que nos anuncia que el P. Carlos ya ha llegado y está a punto de comenzar su meditación sobre la Regla de San Benito.  Su claridad en esta introducción nos abre el deseo de profundizar en ella en el futuro, para que entrando en su comprensión podamos hacerla vida en nosotros, en nuestra realidad laica.
César y Violeta llegan a la hora de comer. Han salido tarde y para colmo han deambulado un poco perdidos entre Colmenar y San Agustín de Guadalix, tratando de encontrar el enlace entre la A6 y la A1, dirección Burgos. Son los avatares de su nueva vida fuera de Madrid. Saludan a todos y conocen a Mª Cristina y a Mª Carmen. La comida transcurre muy alegre.
Debido a la gran acumulación de trabajo y, sobretodo, por su cambio de domicilio y su situación familiar,  César nos ha pedido dejar para el próximo Encuentro el tema que el tenía que presentar por este motivo, después de nona.

Tina nos ofrece una excelente reflexión acerca del dolor y el sufrimiento. Aborda las cuestiones a partir de su conocimiento y experiencia como profesional en el Hospital San Juan de Dios de Barcelona (Tina es formadora de voluntarios), pero también –y sobre todo—desde las raíces de la fe y del amor a Dios y a los hermanos. Si no vivimos el dolor abrazados a la cruz de Jesucristo, nada tiene sentido. El dolor nos ayuda a configurarnos con Cristo sufriente en la cruz, nos transforma en corredentores. El dolor es un camino de conversión.

La exposición nos conduce a un hermoso diálogo común. Tan centrados estamos, que no escuchamos el primer toque de vísperas.
Por segunda vez toca la esquila. En el coro se preparan ya algunas monjas. También está Violeta junto a sor Marta y madre Rocío, pues ha pasado la tarde trajinando en el noviciado. La hora litúrgica nos llena de paz y de alegría.
Al terminar la oración de la tarde, nos disponemos para la cena. El rezo de completas da fin a este maravilloso día de comunión y amor fraterno.
El domingo se presenta con un cielo algo nublado; son nubes que van y vienen empujadas por un cierzo frío y cortante. Este domingo, XXXIII del tiempo ordinario, trae a la abadía un acontecimiento muy importante. Sor Elena promete hoy los votos temporales. Por esta razón la misa se retrasa a las cinco de la tarde. Hay gran expectación, ansias y una emoción justificada.
Violeta duerme hasta las 10:00 horas, y este retraso hace que César llegue tarde a la reunión de la mañana. Tina, Marisol e Ignacio aprovechan entonces para iniciar a nuestros nuevos amigos en algunos documentos cruciales para entender la vida laica cisterciense, al tiempo que comentan aspectos de la guía de vida propia de nuestra comunidad. Al fin acude César mientras Violeta se queda con las hermanitas en el noviciado.

A continuación nos reunimos sólo los hermanos de la Familia CSM para tratar temas internos y confirmar la agenda de los próximos Encuentros.  En esta reunión se hace un importante nombramiento: César es nombrado el hermano de acogida y acompañamiento de los Nuevos Amigos (Queda pendiente dar un nombre al cargo de Maestro de Novicios en vesrsión laica cisterciense)

Ignacio no se ha acordado de traer la hucha por lo que posponemos la recogida anónima de fondos, que se acordó en el Encuentro de Julio, para el  iniciarla a partir del próximo Encuentro.
Al acabar las reuniones de la mañana, queda todavía una hora para la Sexta. César decide entonces acercarse hasta Lerma, porque Violeta, a esta hora de la mañana, es una bomba dentro de la hospedería. Y como el cierzo sopla lo suyo, tampoco es cuestión de dejarla corretear libremente por la era, a riesgo de coger una otitis o un catarro de los buenos. Así que montan en el coche acompañados por Mª Cristina, que quiere conocer la Villa del Duque. En realidad la idea es saludar al Señor en Santa Clara y pasar por la dominicas. Aquí las encontramos rezando una hora litúrgica en su nuevo coro. No hay tiempo para más y retornamos a nuestra abadía para cantar la Sexta.
En la comida llega ya mucha gente: el entrañable padre salesiano, Isidro; el padre Dionisio, diocesano de Toledo; el maestro de música acompañado por su esposa; el padre Carlos, por supuesto; el padre Néstor y todos nosotros. En la sobremesa acude mucha más gente todavía. Vienen monjas de Valladolid y de las Calatravas de Burgos.
Y llega la hora de la misa y de los votos. Cantamos la misa de Angelis; concelebran muchos sacerdotes. En el coro no cabe ni un alfiler.

La hermanita Elena emite su promesa y recibe el escapulario negro de San Benito. Al final de la celebración, da testimonio y nos anima a todos a rezar el rosario todos los días y a dejarnos guiar por la Virgen María, madre de Cister.

A continuación, el convite. Y al cabo, vísperas y completas. Los laicos cistercienses vamos dejando la abadía poco a poco. A la tristeza de dejar el monasterio, va unida siempre la paz y el consuelo recibidos por estos dos días de oración y de cenobio. . . y por la certeza de que ya falta menos para regresar!
Bendito sea el Señor, bendito y alabado.

 

 

 

 

 



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