Monasterio Cisterciense Santa María la Real de Villamayor de los Montes -Burgos, España-

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PROFUNDIZANDO SOBRE NUESTROS FUNDADORES DE CISTER- Enero de 2013

TRIDUO DE PREPARACIÓN

Os compartimos algo de los preparativos a la celebración de la Solemnidad de los Fundadores de Cister.Cada día del triduo, en vísperas del sábado 26, una hermana del noviciado, una hna. profesa y la madre abadesa se repartieron el trabajo de presentarnos la síntesis de su profundización.

 

 

 

-La hna. Marta tuvo asignado el primer día. Os adjuntamos el PPS, con el que fue ligando algunas ideas y aspectos, durante su explicación.

-Sor Presentación nos habló acerca de uno de los valores monásticos, de ayer y hoy, como es el silencio.

                                            SILENCIO Y COMUNICACIÓN

 Escucha-silencio-palabra-respeto

  Nuestra comunión con Dios se fundamenta en nuestra comunicación con Él.  La lectio divina, el Opus Dei y la intentio cordis son las formas habituales en las que se encarna nuestra escucha-silencio y palabra-respeto.  Es así como intentamos vivir, habitualmente, nuestro amor hacia Él, y entre las hermanas.  La comunicación entre nosotras, conjuga también estas cuatro formas de comunicación al respecto; aunque podemos tomarlas y utilizarlas según las necesidades casuales,  y otras más formales. 

  La tradicional disciplina del silencio nos ha enseñado a cerrar la boca, a no-hablar.  Pero, según algunos autores no nos han enseñado a escuchar ni a usar discretamente la palabra, tal como lo indica la palabra y la experiencia de la taciturnidad en la Regla de S. Benito.  No faltan quienes  piensan que ni siquiera nos ha ayudado a guardar silencio, la prueba es que en todas las visitas regulares abundamos en palabras para quejarnos por la falta de silencio.   Urge, en consecuencia, una disciplina de la palabra discreta, la cual implica una respetuosa escucha.  La palabra discreta presupone respuestas adecuadas a preguntas como estas: ¿he escuchado antes de hablar?, ¿sé lo que quiero decir?, ¿es con él/ella con quien tengo que hablar?, ¿es el momento y el lugar conveniente?, ¿me comunico, informo, me lamento o murmuro..?,

  La  Ratio institutionis nos presenta algunas formas comunitarias de comunicación, a saber: Los diálogos e intercambios comunitarios, compartir el Evangelio y la corrección fraterna, son medios importantes de formación comunitaria (Estatuto de formación 13).   La riqueza que nos aporta en nuestra comunidad el compartir la Palabra de Dios todos los sábados y en algunas fiestas especiales,  es algo que todas valoramos y estamos contentas, aunque siempre se puede mejorar. Digamos al menos algo sobre los diálogos. Aquí tenemos mas campo de trabajo.

             Muchas resistencias al diálogo provienen de malas experiencias al respecto.  En realidad, podemos sospechar que, si la experiencia no ha sido positiva, entonces no ha sido un diálogo.  El diálogo comunitario es un tipo muy específico de comunicación grupal calificada, algo así como lo que intenta San Benito cuando escribe el capítulo tercero de su Regla: cómo se han de convocar los hermanos a consejo. ¡Si se sigue lo que sugiere San Benito nunca se podrá tener una mala experiencia!             ¿Qué quiere decir diálogo?  Dialogar es intercomunicarse amigablemente; actuar cooperar activamente en vistas a un fin común.  O, con palabras más cenobitas: dialogar es ser verdadero, decir la verdad y hacer la verdad en el amor.  Esto implica, ante todo, tres actitudes fundamentales: mirar con simpatía a los otros, donarse a sí mismo con generosidad y acoger al prójimo con solicitud y cuidado.
              Entonces estaremos seguros de poder escuchar y hablar dialógicamente.  Algunas comunidades, por motivos culturales o historias personales, tendrán que ejercitarse más en la escucha; otras, en el modo de hablar.  Sea como sea, una hermana que escucha de este modo: con el oído y el corazón (entendiendo y amando), con interés y respeto (dejando a las otras ser y manifestarse), puede resultar siendo la participante más activA en un diálogo comunitario.  Las siete reglas de oro del buen hablar pueden plasmarse así, se trata de hablar:

  -Claramente: con verdad.                                -Humildemente: sin absolutizar.

 -Prudentemente: con oportunidad                   -Amablemente: sin interrumpir ni monopolizar

 -Comprometidamente: sin teorizar                   -Confiadamente: sin temor.      

                                        -Esencialmente: con precisión.

  Opino que, si nos ejercitamos en el arte del diálogo comunitario, mejorarán nuestras relaciones horizontales, verticales y diagonales..., seremos, además, más evangélicas y cenobitas, más ascetas y místicas. Y finalizo con  Bernardo, aquel insigne maestro del amor místico y fraterno.

  Haya también entre nosotras, unidad de espíritus.  Que nuestros corazones estén unidos, amando al Único, buscando al Único, adhiriéndonos al Único y teniendo unos mismos sentimientos.  De este modo, la misma división exterior evitará el peligro y no caerá en el escándalo.  Esto no impide que cada uno tenga sus propias penas y manifieste también alguna vez su propio modo de ver las cosas, e incluso distintos dones de la gracia.  Tampoco todos los miembros obran del mismo modo, pero la unidad interior y la unanimidad fusionan la multiplicidad y los estrecha con el Don de la caridad y el vínculo de la paz (Sept 2:3).

 -Antes de dialogar, orar. En vano habla con  Dios quien no escucha a su hermano -Ora  como puedas; si no puedes, ríete de ti misma y verás que puedes ¡ÁNIMO!  Y adelante.

 

-Por último madre Ana meditó sobre el valor del apartamiento (en portada de nuestra página), a imitación de Jesucristo, y su puesta en práctica con la vida de clausura que ofrece el recinto del monasterio.

Documento adjunto:: PRESENTACIÓN DE LA HNA. MARTA SOBRE LOS ORÍGENES DE CISTER



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