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EL MONASTERIO DEL CORAZÓN - por sor Rocío

Comentario al libro recibido en Cuaresma

FOTOsor Rocío junta a sor Rosalía

sor Rocío junta a sor Rosalía

El monasterio del corazón- Joan Chittister, OSB

EL MONASTERIO DEL CORAZÓN- invitación a una vida llena de sentido.

Este libro es fruto de ver qué aspectos de nuestra vida monástica pueden ser de utilidad y, por ello, comunicados a nuestros contemporáneos. Sugiere un modelo para los que buscan un ritmo de vida mejor. Sugiere una guía que les ayude en su búsqueda de un mundo con Dios, en medio de una cultura y un mundo carente de espíritu.
La autora, monja benedictina con más de cincuenta años de vida en un monasterio, me ha parecido sencilla en su exposición. Su lectura puede inspirar a las que deseen trasladar los mandatos de ‘nuestro maestro’ al tiempo que nos toca vivir.
Se comentan aspectos básicos, sobre los que Benito organiza nuestra vida. Selecciona unos capítulos más a propósito para este objetivo, y los agrupa bajo distintos títulos, que expresan su valor actualizado.
Como botón de muestra, el capítulo 63 de la RB, tradicionalmente conocido como “El orden de la comunidad”, ella lo ‘renombra’ «La igualdad». Es este un término muy actual, deseado en todos los tiempos; antes de ser vitoreado por los revolucionarios franceses en el siglo XVIII, o por tantos otros intentos de ‘liberación’, Benito lo descubrió como valor evangélico, incorporándolo a su vida. El libro destapa esta novedad tan antigua y vigente entre nosotras.

 Van apareciendo breves citas de la RB que condensan la sabiduría de NP Benito. Joan, por su parte, extrae y difunde su esencia.
No es tarea fácil, pues la brevedad de Benito a mí misma me ha dejado desarmada, para hincarle el diente al ‘espíritu’ y poder asumir lo esencial (si es que fuera posible darle un mordisco al espíritu). Con sus reflexiones es capaz de contemporizar, de traer sus valores hasta nuestros días. Muchos se enredan en esta empresa, ella me ha parecido sencilla.

 w3Paso a comentar alguna nota de dos temas que me gustaron particularmente: el que dedica al trabajo, «El buen trabajo» lo titula el libro y el dedicado a la atención hacia las personas que se acercan al monasterio, titulado « La hospitalidad».

«El buen trabajo»
 Comparto con ella el lugar destacado que el trabajo ocupa en nuestra vida monástica. No llevo tantos años como ella para reflexionar y escribir el por qué intuyo su importancia, pero tras leerla, creo que me ha ahorrado ese trabajo.
Somos contemplativas, y ser contemplativa para Benito va de la mano de
ser ‘co-creadoras’, responsables con una tarea que colabora en que el mundo funcione y que lo dejemos mejor de lo que lo encontramos.
Primer rasgo: Benito quería hacer de sus discípulos personas responsables, con una ‘responsabilidad humana’, muy en armonía con el mundo que tocamos.
Añade que el trabajo que hace que las cosas funcionen es el «trabajo manual de cada día». Dos cosas: El trabajo- como el pan- se nos presenta cada día y es trabajo de las manos.
Lo que pone a continuación es tan sencillo, que deja al descubierto toda la complicación que envuelve al hombre de hoy, en un mundo tecnológico, de trazos impersonales y poco humanos. Copio textualmente:
«Evitar el trabajo manual por completo es contribuir al desarrollo de una sociedad clasista, racista o sexista, en la que algunos de nosotros hacen las cosas realmente significativas de la vida, mientras que otros hacen el trabajo físico que el resto nos consideramos demasiado importantes para hacer… eludir el trabajo manual supone participar en la creación de una sociedad de siervos en la que nos otorgamos a nosotras mismas el derecho de no servir a las demás…. El solo hecho de estar en contacto con las funciones mecánicas de low2 que significa afrontar el día –pasar la aspiradora, lavar los patos, espalar la nieve, hacer la colada, pelar las verduras, limpiar el coche, hacerse la cama, bañar a los niños- nos mantiene en todos, varones y mujeres, la conciencia de las luchas que toda dimensión de la vida implica»… «También nos mantiene en contacto unas con otras… nos percatamos de múltiples y pequeñas cosas sin las cuales no podemos arreglárnoslas».
Y prosigue, hace «de una comunidad una comunidad, en vez de una estación de paso o una pensión para algunas de nosotras, merced al compromiso a tiempo completo de otras de poner a punto un mundo físico que nos permite seguir funcionando».

Como estamos en un mundo donde el taller y las industrias dan paso a los servicios, el trabajo físico a la tecnología, comenta que el trabajo no es ni de lejos tan importante como saber para qué lo hacemos. Copio otra línea que recoge esta idea: «La verdad es que el trabajo cumple una función espiritual… tiene que ver con la realización del reino de Dios en la tierra… nos libera del egocentrismo absoluto y nos convierte en parte más realizada… de la especie humana».

En resumen, en nuestro monasterio el trabajo deviene una empresa santificadora, de autorrealización no sólo por fuera, sino por dentro. El trabajo sí, pero manual, dice la autora que nos ayuda a conocernos ‘por completo’. Dicho de otra manera, nos ayuda a ser un ‘ser plenamente humano’.
« La hospitalidad»
El otro tema: «La hospitalidad» también me ha parecido muy actual e iluminador. El tratamiento que le da es muy cómico, plagado de sentido de humor en sus expresiones.
Dice que «cuando Benito de Nursia comenzó su nuevo modo de vida en la licenciosa y salvaje Roma del s.VI, puso ese mundo al revés».
«Mezcló en su monasterio un grupo bien variopinto» (esclavos, artistas, soldados romanos y bárbaros juntos, ¡imaginaos!...)
«Como si no fuera suficiente, abrió las puertas del monasterio a cualquiera que llegara, a cualquier hora, sin importar lo que hubiera hecho en la vida antes».
Encima la llegada de huéspedes tenía un tratamiento ‘regio’: toda la comunidad presente, ocasión de intercambiar el ósculo de la paz, se rompía el silencio, el abad se ponía a la mesa con ellos. Para la monja no es un simple contacto social, ya que en ellos «se recibe más a Cristo».
La monja tiene un modelo en Abrahán, cuya tienda en el desierto estaba abierta por los cuatro costados por miedo a que algún viajero pasara de largo. Y yo me digo: ¡Bendito Abrahán que tenía miedo de que alguno se quedara sin su hospitalidad!
De esa manera debemos procurar especial cuidado en ponernos a disposición de las necesidades del mundo… ¡Qué contraste con el mundo individualista en el que nos movemos! Dios me dice a través de estas líneas: « ¡Rocío, ponte a tiro de tus hermanos, no solo los de dentro, también de los de fuera

«Y así alguien llame o un pobre clame, conteste: Deo gratias»
Este ‘Deo gratias’ traducido a nuestro tiempo resulta bien cómico:
«Gracias a Dios que has venido».

 La espiritualidad benedictina dice al forastero: « ¡perturba nuestras vidas perfectas!...el huésped se niega a permitir que nos acomodemos y sintamos seguras en nuestras pequeñas celdas monásticas, se niega a permitirnos ver la vida espiritual como un ejercicio consistente en elaborar pulcros y ordenados horarios para nosotras mismas,… nos traen a Dios y lo urgente, lo incómodo y lo desconocido…en cualquier momento, a cualquiera que por casualidad llegue a ella, (la monja) le dice: Estamos aquí para ti».

 Se confirma que la novedad está en las raíces, volver a las fuentes, a la aventura de «poner el mundo al revés». Nuestra vida es una propuesta novedosa al mundo, cuando vivimos ‘el valor’ del «trabajo manual», ‘el valor’ de «la hospitalidad», y el resto de valores.



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