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LA ORACIÓN DEL SILENCIO- por la hermana Ana Luisa

Comentario al libro recibido en Cuaresma

FOTOAna Luisa en el claustro

Ana Luisa en el claustro

Mi libro de cuaresma.
Hoy les voy hablar del libro que me ha tocado en esta cuaresma, este libro me ha ayudado mucho ya que puedo decir que me he reflejado en casi todo, y no solo en las cosas buenas sino también en lo contrario.
Les voy hablar del final der libro porque pienso que ahí se resume casi todo lo que dice, espero que les ayude como a mí y si quieren saber más les invito a que lo lean pero no lo lean como lo hice yo, comiéndome las paginas, sino como lo hago ahora pausado y reflexionando, porque es un libro para rumiarlo y no perder ni una palabra, porque cada una de ellas tienen un gran valor.

Se estarán preguntando ¿pero cuál es el libro? Se llama LA ORACIÓN DEL SILENCIO escrito por J. FERNANDEZ MORATIEL. (Si quieren saber más información del escritor vean el tema de SOR ISABEL ella lo explica muy bien).

Bueno, ahora les escribo un poco de lo que dice el protagonista (osea del libro).
Gestos que Dios tiene con cada uno de nosotros.
“Apareció la ternura y el amor de Dios” (Tit 3,4).

Las palabras expresan con facilidad lo que es movedizo, superficial, en el mundo de los sentimientos. La palabra es diestra, pero cuando tiene que expresar el amor o la bondad, la palabra se siente inhábil o poco ágil. Se expresa mejor con el gesto.

 “Apareció la bondad y el amor de Dios en Jesús”: Jesús es el gran gesto con el que Dios revela toda la ternura. En la escritura abunda los gestos, todos son para decirnos el misterio de su amor.

Gestos presentes en la Escritura. Dice Dios:
Si nadie te ama, mi alegría es amarte.

San Agustín decía que aunque toda la Escritura se hubiera perdido, con que hubiera quedado esta palabra bastaba. El que se abre a esto puede reconstruir la vida.

 El odio es todo lo contrario, dramatizar nuestra vida, dramatizar el presente, nos prohíbe el presente, desune, rompe. En cambio el amor crea la armonía.
El ser humano es siempre una continuidad, siempre hay que seguir, pero el odio cierra todas las puertas. Nada existe sin el amor, ni el paisaje, ni la piedra, ni la rosa. El que cree que el amor ha sido derramado en su corazón (cf Rom 5,5) tiene ya la apertura de la vida. Todo será abierto para el que ama. Lo espontaneo del amor es amar. Dios no nos ha mandado a buscar lugares cálidos sino a amar.
Pero así como en la infancia el amor se despierta con el amor, también nuestro amor se despierta cuando nos sabemos amados por el amor. Un amor que está más allá de lo que nuestros ojos pueden ver o nuestros sentidos experimentar.

 Si lloras, estoy deseando consolarte.

En la realidad la felicidad no tiene ninguna causa, la felicidad está dentro. Se dice: “¡Lucha por ser feliz!”. Pero la felicidad está dentro y también el consuelo está dentro. Existe el afán de encontrarlo en el exterior pero no hay una autor-asistencia maravillosa.

El que nos consuela, el que nos asiste realmente es Dios, que es eterno en nuestra conciencia aun cuando, a veces, la conciencia nos puede reprochar algo. Pero solo puede reprochar el que tiene poder de consolar. Ese es el que puede brindarnos otra ruta, incluso reprocharnos. Dios nos puede reprochar por que tiene el poder de sosegar nuestro llanto, de consolar nuestra tristeza. 
Por eso se le llama en la Biblia “el Dios de todo consuelo” (2 Cor 1,3). Nuestro Dios es el Dios de todo consuelo. En el Apocalipsis aparece secando las lágrimas (cf Ap 21,4).
El consuelo se recobra cuando la situación se admite. Todo lo que se admite, nos vuelve compasivos. Un corazón compasivo se consigue admitiendo la vida con sus distintos episodios. Con ello el corazón se vuelve suave. Solo un corazón que ha sufrido puede compadecerse. Pero cuando uno se endurece, entonces la vida se enquista.
Dios es el más compasivo, el más poroso, el más receptivo. Detrás de cada lágrima esta la presencia de un amor y de una mano que puede aliviar y consolar.hermanas ANA

 Si eres débil, yo te daré mi fuerza y mi alegría.

En la vida, el hombre suele resistirse ante una persona poderosa. En el credo confesamos de Dios que es el todo poderoso. Es lo primero que se reconoce, pero felizmente no es un poder para defenderse a sí mismo, sino que es un poder siempre el servicio de…, un servicio para favorecernos.

Es reconocer que nosotros vivimos gracias a la atención de otro. Es bueno verificarlo. Quién sabe si al tomar conciencia de eso, quizás nos demos cuenta de que los demás “viven” si nosotros les dedicamos nuestro amor, si nos ocupamos de ellos.

 Si estas vacío, mi llenura te colmará.

El vacío suele estremecer. Hay que reaprender que el vacío es maravilloso.
Un monje antiguo decía que la ley del cielo es vaciar lo que está lleno y llenar lo que está vacío. El silencio es vaciarse de lo que nos satura para dejar que alguien nos llene. Vaciarse para aprender a acoger.

Un pasaje de la resurrección habla de que, al ver la tumba vacía, los discípulos creyeron (cf Jn 20,9): el vacío de la tumba fue el despertador de la presencia de Jesús en su corazón. No hay que temer el vacío, la desembocadura del vacío es una resurrección. Los discípulos se sintieron colmados de Jesús.

Si tienes miedo, te llevo sobre mis espaldas.

La oración de un indio cuenta: “En un sueño, iba desfilando distintas secuencias de su vida que discurrían junto a la playa. Averiguó pronto que habían dos huellas y pensó: unas serían las mías y las otras de Jesús. Pero a medida que pasaban la secuencia, se dio cuenta de que de vez en cuando desaparecían unas huellas y que además coincidían con los momentos más incomodos de su vida. Y le decía a Dios: ¡Qué solo me dejaste!, y no acabó de decir esto cuando se escuchó en su corazón: ¡Yo era el que te llevaba sobre los hombros, te hubieras muerto si te dejo solo!”

Es Dios quien nos lleva siempre sobre sus espaldas. Santa catalina también, después de horas difíciles, le decía a Dios ¿Dónde estabas? Y oía ¡Jamás estuve más cerca de ti!

 Si quieres caminar, iré contigo

Enmanuel es “Dios con nosotros”. En todos los instantes Dios está ahí.
Es cierto que la vida es una continuidad y que nunca nos podemos estancar, pero en esa continuidad está presente Dios.

Si me necesitas, te digo: estoy aquí, estoy dentro de ti

Preguntamos por Dios como si estuviera fuera de nosotros, cuando, si a Dios no le encontramos dentro de nosotros no le encontramos en ningún sitio. Esta es la maravillosa revelación de Jesús.
Preguntó una flor al fruto: ¿Dónde estás? Y el fruto con voz queda dijo: ¡Estoy aquí, estoy dentro!

 El fruto siempre está en la interioridad, fermentando en lo profundo. Siempre el vientre connota lo hondo, lo íntimo. La presencia de Jesús es el fruto de la interioridad de María… y de cualquier corazón que permite la maduración del mundo divino en lo interior.

 Si eres infiel, yo soy fiel.

Es en la referencia a esta fidelidad como nosotros nos podemos sentir dichosos. Quizás es nuestra relatividad la que es portadora de un deseo de lo absoluto.

Existe en la persona un afán de ser lo infinito. Pero debajo subyace la conciencia de nuestra infidelidad.
Solo la mirada hacia ese ser que es inmensamente fiel, puede encontrar la paz y sosiego en la vida. Y al abandonarse al señor recuperan mesa paz y sosiego iluminado.
 Espero que les haya gustado y le ayude tanto como a mi ¡ha recuerden no son mis palabras! sino las de J. FERNANDEZ MORATIEL.                                                                                                                              Hna. Ana Luisa

 



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