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Sor Fides, compartiendo en Adviento

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Fides nos ofreció en la Sala Capitular unos retazos de lo que ha sido este pasado año de la Misericordia.

¿Qué has aprendido sobre la Misericordia en este Jubileo de la Misericordia? ¿Qué te aporta en tu vida diaria?

 

Como dice el Papa Francisco, la Misericordia es el segundo nombre del amor. Y en esto doy gracias a Dios, que nos ha dado un Papa que se reconoce pecador. Por eso no echa a nadie fuera, y quiere que todos estemos en casa, en la Iglesia. He aprendido que la misericordia no se separa de la justicia. Cuando el Papa en su humildad se proclama pecador, yo veo o entiendo que ha llegado a la transformación con Dios, con cuya cruz manifiesta su misericordia; pero al mismo tiempo compartiendo con los pecadores, los que la merecen por la justicia. Y así expía sus pecados. Entiendo que el perdón es el amor que supera todo, y perdonar es compartir o expiar junto con el pecador. Y cuando uno perdona encuentra la paz consigo mismo y esta paz la transmite a los hermanos. La experiencia la he tenido aquí en el monasterio. A veces compartiendo con las hermanas dicen: “Me doy cuenta de lo que las hermanas aguantan viviendo conmigo”. Esto lo podríamos decir todas. Pero lo más importante es cuando uno aguanta, supera, tiene paciencia aunque sufriendo, pero esperando hasta que otra encuentre la gracia de la conversión. Aguantando se comparte la expiación, es un obra de misericordia, pero que no se separa de la justicia. Esto no se vive sólo en nuestro monasterio, pero en toda la Iglesia.En este año de la misericordia, el Señor ha estado grande con nosotras en este monasterio. Algunas salieron de sus familias y emprendieron el camino de la búsqueda de Dios. Otras empezaron el noviciado, otras hicieron sus compromisos con Dios y con la Iglesia, otras celebraron sus bodas de Oro y todas gozamos juntas, porque también compartimos la misma lucha. Nadie ha llegado a la perfección, pero todas estamos en camino por la misericordia de Dios. La misericordia nos llega a través de la Madre que nos permite seguir caminando y esperando aun siendo pecadores. De mi parte lo que me ha aportado este año, no puedo dudar de que la Iglesia vive por el Espíritu Santo.
El día 25 de Marzo, el día de la Encarnación que coincidió en este año con el viernes Santo, en aquel día fui fortalecida y escribí la petición a los votos solemnes. Después de meditar lo de la misericordia y la justicia. Vi que el Señor quería contar con mi participación para, que la misericordia y la salvación siguieran en la Iglesia y llegarán a los demás. Digo esto porque con mi entrega, a los que el Señor llamará a disfrutar la vida monástica, sus vidas y su ánimo podrán encontrar la fuente en mi pequeño sacrificio que es la cruz. Desde este día del viernes Santo, siento en mí como un fuego que me consume animándome sin miedo a lo que me pueda pasar. Siento que lo que el Señor permitirá, Él mismo me dará la gracia para soportarlo todo, para su gloria y para que la Santísima Trinidad sea conocida, pero también para participar en la transmisión de su misericordia y la salvación de todos, expiando mis pecados junto con los de otros pecadores. También, por la parte de mi monasterio, el Señor fue grande y misericordioso, cuando permitió que nuestras hermanas vinieran de Burundi. Digo misericordioso, porque pienso que el Señor quiere hacer crecer esta semilla que ha sembrado, pero que crece difícilmente por la pobreza de nuestro monasterio en todos los sentidos.

Veo que cada día el Señor me sorprende manifestándome su misericordia, a través de las hermanas mayores y jóvenes. Yo colaboro dejándome amar, y así aprendo a amar. A veces algunas me comparten lo que están viendo, y nos comprometemos a orar juntas, y después me dicen que el Señor nos ha escuchado, y creo que es una obra de misericordia compartir con el que está cansado y desanimado, sobre todo cuando después de unos días se encuentra el ánimo, porque la fidelidad de hoy vale mucho; uno está transmitiendo el evangelio sin enterarse.

Desde el mes de Octubre empecé a sentir una fuerza en mi para superar los sufrimientos que conllevan la vida y tener compasión de los débiles como si fuera yo cuando necesito la gracia de la conversión, y a rezar mucho por los que no ven las cosas como las veo yo, ni piensan como pienso. Doy gracias a Dios Padre, Hijo y el Espíritu Santo que mantiene a la Iglesia, e inspira al Papa lo que necesitamos.

Salmo 84   Voy a escuchar lo que dice el Señor «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos, y a los que se convierten de corazón».
«La salvación esta ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra;
La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan;
La fidelidad brota de la tierra y la justicia mira desde el cielo;
El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos
».

Con este salmo, veo que mi fidelidad hasta hoy, tiene la fuente en el amor de Dios. Y espero que por mi pequeño sí, por mi entrega y mi sacrificio, el Señor dará la lluvia al mundo y a todos los que tienen sed de la salvación, porque es mis deseo. Que todos los días debajo de la cruz pueda recibir la sangre de Cristo que sigue cayendo, y la ofrezca al mundo. Y a Él le pueda apagar su sed.

sor Fides

 



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