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¿Qué es la lectio divina?

Sor Mª Amada nos lo comparte

FOTOsor Amada presenta una síntesis sobre este tema tan monástico.

sor Amada presenta una síntesis sobre este tema tan monástico.

Para algunas personas del entorno monástico el término 'Lectio divina' sonará familiar, pero para la gran mayoría es un término desconocido. En el siguiente escrito, la hermana Amada cuenta lo que ella ha ido entresacando al leer sobre ello.

Esperamos que os ayude, pues 'la lectio divina' no es una tarea exclusiva de monjas, sino que todos los cristianos debemos alimentarnos del Pan de la Palabra de Dios.

La Lectio Divina

 El pecado del hombre destruyó brutalmente la familiaridad con Dios en que había sido creado. El hombre perdió la parrhesía, esa dulce y entera libertad de expresión que le permitía hablar a Dios como un hijo habla a su padre, como un amigo habla con su amigo. El hombre perdió a Dios, su creador y padre, y Dios perdió al hombre, su imagen, su hijo, su interlocutor. Y desde entonces Dios buscó al hombre, y el hombre tiene que buscar a Dios.

Buscar a Dios” es una ocupación absorbente. Abarca toda la vida y toda la persona.

Hay que buscar a Dios donde está: En los hombres, en los acontecimientos, en la Eucaristía, en lo íntimo de nuestro propio ser, y evidentemente, en el cumplimiento de su voluntad.

La búsqueda personal de Dios y el encuentro personal con Dios se verifica en el diálogo. El dialogo es lugar privilegiado donde se encuentran los deseos del “verdadero Dios” y del “verdadero hombre”. El “verdadero Dios”, el Dios vivo, que habla y a quien se puede hablar; el Dios personal que quiere comunicarnos la plenitud de la existencia y se abaja para elevarnos a su mismo nivel. El “verdadero hombre”, imagen de Dios, que hace visible al Dios invisible y quiere encontrar a su Creador, del que se había apartado. Aquí se encuentran la sed de Dios de encarnarse en el hombre y la sed de infinito que atormenta el corazón humano; como decían los autores medievales: ‘El Dios que nos acosa porque nos desea, y el hombre que busca ansiosamente al Dios que necesita’.

 El diálogo con Dios tiene dos tiempos: la lectura y la oración.San Cipriano de Cartago aconsejaba a Donato: ‘Sé asiduo tanto a la oración como a la lectura. Ora, habla tú con Dios, ora Dios contigo’.
San Jerónimo dice del anacoreta Bonoso: Ora oye a Dios cuando recorre por la lectura los libros sagrados, ora habla con Dios cuando hace oración al Señor.

Y san Jerónimo escribe a su discípula Eustoquia: ‘Sea tu custodia lo secreto de tu aposento y allá dentro recréese contigo tu Esposo. Cuando oras, hablas a tu Esposo; cuando lees, él te habla a ti’.

Se puede decir que para orar no hay que hacer otra cosa que leer, escuchar, rumiar y luego volver a decir a Dios todo lo que él nos ha dicho antes, después de haber volcado en estas palabras todo nuestro pensamiento, todo nuestro amor, toda nuestra vida.

Un monje cisterciense define al monje como “el hombre que se libera de una cantidad de cosas, de obligaciones, de servidumbres, para enfrentarse con la Palabra de Dios. A veces dulce, a veces amarga, a veces una espada cortante de dos filos.”

San Juan Crisóstomo tiene algunas palabras muy fuerte acerca de la Palabra de Dios: ‘Constituye “remedios divinos” para las heridas del alma, una “armadura” protectora contra los dardos del enemigo, las “herramientas” propias del oficio de cristiano, un “tesoro” inagotable que no debe enterrarse’. Y según san Gregorio Magno es: ‘Pan de vida, vino que embriaga, fuerza en la prueba, luz en la noche y fuego que consume el corazón’.

 Pero, ¿qué es la lectio divina?

La lectio divina es antes que nada leer. Leer supone un esfuerzo y una disciplina personal. Saber elegir y dejarse guiar en lo que se lee, lo cual supone un aprendizaje una gran dosis de humildad. Hay que perseverar en la lectura, tener amor por lo que se lee, y entusiasmo ante lo que se descubre.
Hay que leer mucho y pacientemente. Abrir los oídos del corazón y tratar de comprender lo que en realidad se dice.
La lectio divina es un largo ejercicio de adiestramiento para llegar a la Verdad. A la verdad de Dios, comprendiendo su plan de salvación, y a la verdad de nosotros mismos, comprendiendo cuál debe ser nuestra respuesta a la acción de Dios.
La ‘lectio’ es un ejercicio orientado a la conversión interior, sino no es ‘lectio’.
Quien practica la ‘lectio’ lo hace para satisfacer un hambre espiritual, para buscar la iluminación interior, para confrontar la propia experiencia con lo que el Señor dice a través del texto. Por eso una ‘lectio’ sin propósito de mayor conversión no es una ‘lectio’ eficaz.
Quien lee habitualmente la Escritura no solamente está siendo llamado a saber lo que Dios ha hecho, sino a obrar como Dios obra. El auténtico contemplativo no es aquel que sabe cómo obra el Señor, sino aquel que imita el modo de obrar del Señor.

Y ¿cuál son los efectos de la ‘lectio divina’?

El primer efecto de la ‘lectio divina’ debe ser la paz en el espíritu de quien lee. La paz procedente de quien escruta el corazón de Dios, dispuesto a acoger su Palabra. Una paz perseverante y serena propia del alma reconciliada con Dios, con el mundo y consigo misma.
La ‘lectio divina’, de la misma manera que la proclamación de la Palabra en la liturgia, me hace comprender que la acción de Dios continúa en la historia, en mí, en todo espíritu que trata de abrirse y estar atento a la voz de Dios que proclama la verdad e instruye a los hombres en el camino de la salvación.
Además cuando leo trato de descubrir no sólo lo que Dios ha hecho, sino lo que Dios está dispuesto a hacer si yo acojo su Palabra. De ahí la relación entre ‘lectio’ y “conversión” personal. Así como toda instrucción debe conducir al hombre a una mayor liberación de las cargas de la ignorancia, a fin de posibilitarle un ejercicio de sus derechos humanos, la ‘lectio’ hace que yo me haga consciente de cuál es mi puesto en el proyecto salvador de Dios.
La ‘lectio’ perseverante y seria libera de la ignorancia y de la ilusión, que son dos escollos graves a evitar en el desarrollo de la vida espiritual. La verdad de Dios aparece en contraste con nuestra realidad personal y las realidades humanas. A través de la ‘lectio’ el espíritu puede corregir siempre los pasos errados, adquirir un conocimiento más profundo de la pedagogía que Dios ha empleado con el hombre y descubrir que, sin haber nada nuevo bajo el sol, el corazón humano siempre está inquieto ante los mismos misterios.                                 Sor Mª Amada

 Fuentes empleadas para esta reflexión:
La Lectura de Dios. Aproximación a la lectio divina”. García M. Colombás, o.b. Ediciones Monte Casino
Orar la Palabra”. E. Bianchi. Colección: “Espiritualidad Monástica”



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