Monasterio Cisterciense Santa María la Real de Villamayor de los Montes -Burgos, España-

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Cómo ¡Vivir! Cómo ¡Celebrar!- 1ª PARTE

LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS Y LA VIDA- por Madre Ana

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Madre Ana nos recordó, en el curso de un encuentro capitular:

Aunque el hecho de participar en la liturgia  va transformando la vida, es necesario ir adquiriendo una espiritualidad litúrgica, es decir, que nuestra jornada monástica brote de la liturgia y se vaya alimentando de ella.
El beato Padre Pio Heredia, animaba a sus novicios a celebrar la liturgia y les decía: “la liturgia de la vida de la vida del monje” De esta espiritualidad  litúrgica podemos extraer un conjunto de elementos:
a)   Tiene como fin la configuración de la monja con Cristo por obra del Espíritu Santo.
b)   Esta configuración se produce de forma fundamental por medio de las celebraciones litúrgicas en el contexto del año litúrgico.
c)   Todo esto ha de concluir, para nosotras,  en un estilo de vida monástica cisterciense.
En consecuencia, la espiritualidad litúrgica se entiende como la participación de la monja en las celebraciones litúrgicas de tal forma que nos lleve a una mayor profundidad en el camino de seguimiento a Cristo. 

Resulta clave ver las disposiciones personales que deben acompañar a la monja
Antes de la celebración: vivir para la liturgia; en la celebración: vivir la liturgia; después de la celebración: vivir de la liturgia.

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VIVIR PARA LA LITURGIA

¿Cómo acudimos a las celebraciones litúrgicas? Si queremos vivir la eucaristía, el Oficio divino o cualquier otra celebración plenamente, de tal forma que podamos acoger el don del Espíritu Santo que en ellas se derrama en nosotras, no es posible llegar al momento de la celebración de cualquier manera. Es necesario prepararse.
¿En qué consiste esta preparación?
Conocer e interiorizar el significado profundo de lo que vamos a celebrar. Son cosas sencillas: cantar salmos, himnos, leer pasajes de la Sagrada Escritura, partir el pan…pero encierran una profundidad inmensa. Por eso hemos de prepararnos bien con una formación que ayude a comprender el contenido y el trasfondo de las celebraciones litúrgicas. Pues la liturgia emplea un conjunto de signos que tienen una significación muy expresa; por ejemplo, pensemos en el incienso, en las posturas, en el agua, en las inclinaciones…y si ignoramos el significado de estos signos, no podremos participar plenamente en una asamblea, aunque estemos presentes.
No se puede permanecer impasible frente a los signos litúrgicos, como estatuas mudas, vivir para la liturgia significa entrar en el diálogo que el Padre quiere establecer con cada una de nosotras y para eso hace falta conocer el lenguaje que emplea para este diálogo.
Más allá del significado de los símbolos necesitamos escuchar a Dios. ¿Cómo nos habla Dios en la liturgia?
Entre otras formas, por medio de su Palabra, en las Sagradas Escrituras. Si no tenemos una cierta formación bíblica, muchas de las cosas que escuchamos en las celebraciones litúrgicas se quedarán fuera de nosotras, no podremos interiorizarlas. Vivir para la liturgia implica, por ejemplo, acudir a la eucaristía sabiendo las lecturas de la misa, leerlas y meditarlas si es posible…

Esto enlaza con el segundo aspecto de preparación que debe preceder a la celebración: la preparación interior. Si bien hay monjas que son capaces de entrar al Coro apresuradamente cuando está comenzada la celebración, y vivirla con toda intensidad, no es esto lo habitual. Lo normal es que entremos en el coro sin pensar más que en las ocupaciones  que traemos. Si de verdad queremos entrar en la celebración tendremos que prepararnos interiormente. Romano Guardini dice así:

la puerta está entre lo exterior e interior; entre la plaza y el santuario; entre la pertenencia del mundo y la casa de Dios y al atravesarla parece decir: deja fuera lo impropio del lugar adonde entras: pensamientos, deseos, preocupaciones, curiosidades y cosas vanas. Deja fuera lo que no es sagrado. Purifícate, que entras en el templo”.

SUGERENCIAS CONCRETASsímbolo pan Procurarse una formación litúrgica que nos lleve a entender de una forma más profunda la estructura de la celebración y sus símbolos.

Acudir a la eucaristía con los deberes hechos, conociendo las lecturas que se van a proclamar, la lectio divina es un precioso instrumento para ello.

No llegar a la celebración en el último minuto, sino un poco antes para calmar el espíritu y la mente y disponernos por medio de la oración a participar lo mejor posible. Preparar los libros antes, no durante la liturgia.



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