Monasterio Cisterciense Santa María la Real de Villamayor de los Montes -Burgos, España-

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Madre Ana, compartiendo en Adviento

Aportación hecha en comunidad

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En los ¡tiempos fuertes! (así designamos familiarmente al Adviento, la Navidad, la Cuaresma), preparamos el tema que se nos asigna, para exponerlo a la comunidad, en unos minutos que tenemos de reunión, todas las hermanas, antes del último oficio del día, el de Completas.

Publicamos lo que preparó madre Ana, para que seías, también vosotros, beneficiarios de nuestros medios de preparación, con vistas a vivir mejor la Navidad, la aparición de Dios en carne mortal, como la nuestra.

“Se hace camino al correr” (Prólogo de la Regla de san Benito)

 ¿Es posible decir que el movimiento se demuestra andando?
¿Os habéis fijado que muchos niños no aprenden a andar;
pasan de andar a gatas a correr?
Pues algo así ocurre con las cosas de Dios.

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Recordando a los primeros testigos del Nacimiento podemos aprender:
Los pastores, tras recibir el anuncio del ángel, fueron corriendo,
era de noche y no tuvieron miedo a tropezar por el camino o a perderse;
no esperaron a la mañana, se decían unos a otros:
¡Vamos a Belén y veamos lo que se nos ha comunicado!

La Fe no quiere esperar… ella corre…

 También María, cuando recibió el anuncio del embarazo de Isabel,
se puso en camino, deprisa hacia la montaña,
no pensó en su propia gestación ni en el qué dirán…
Jesús le abrasa en su seno. La evangelización no puede esperar.

 Jesús también corre. En cuanto amaneció el tercer día,
¡Resucitó! No pudo esperar más. Tiene los ojos puestos en la humanidad.
No nos abandona. Nos deja caminar un poquito solos,
cuando ve que la desolación nos perturba haciéndonos
perder la Fe y la Esperanza, viene corriendo para consolarnos.

Y qué decir de San Benito, en el prólogo varias veces habla de correr…

Más si queremos morar en su real palacio (Reino de los Cielos)
hemos de saber que no se llega sino corriendo por el camino de las buenas obras:
El que es sincero de corazón, el que no hace daño con sus palabras,
no hace mal a su prójimo;
el que no da oídos a calumnias de su hermano;
el que no hace caso a las sugestiones del demonio
y estrella sus tentaciones en la Roca que es Cristo…”

Estos caminos al comienzo son siempre estrechos,
pero a medida que se adelanta en la senda de la virtud y de la fe,
se corre, dilatado el corazón,
en los caminos de los divinos mandamientos con inefable dulzura de caridad.

Así que, se hace camino al correr,
que es salir de una misma,
dejar los propios intereses y avanzar hacia el Reino.
Esa es la dinámica del camino monástico en este Adviento:
correr como María al encuentro de las hermanas,
Soy más amiga del viento que de la brisa
y hay que hacer el bien deprisa, que el mal no pierde tiempo
”.

Creo que el camino de la santidad es más para correrlo
que para andarlo, pues los fracasos no entorpecen la santidad,
más bien nos hacen correr hacia ella.

Corramos con constancia en la carrera que nos toca,
enunciando a todo lo que estorba,
y el pecado que nos ata, fijos los ojos en Jesús” (HB 12,1-2)

El Adviento es una carrera de Amor.

Pongámonos las deportivas y salgamos juntas a correr, para llegar a Belén.

Con todo cariño vuestra Abadesa.



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