Monasterio Cisterciense Santa María la Real de Villamayor de los Montes -Burgos, España-

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sor Aurora, compartiendo en Adviento

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También Aurora nos ha contado en comunidad lo que ha reflexionado en el marco del año jubilar de la Misericordia.

Primero quiero decir como el Salmista: “Doy gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia’’.  Como nos dice el santo padre Francisco: Dios nunca se cansa de ser misericordioso con todos  los hombres y con cada una de nosotras, con solo que nosotras no nos cansemos de implorar su misericordia.
Dios no abandona a ninguna persona, no da por perdido a nadie. También dice el Papa: Un poco de misericordia entre las personas puede cambiar el mundo. Del Padre Amadeo, en los ejercicios espirituales, vimos una palabra parecida: si cambiara yo misma, cambiaría el mundo. Cuanto menos perdón y más pecados, menos vida.  Dios Padre nos invita, por medio del Papa Francisco, a ser misericordiosos como  Él es Misericordioso. Tener el perdón hacia a los demás, es un don recibido de Dios. En el Evangelio de san Lucas cap. 17,4 dice el Señor: ”Si tu hermano peca contra ti siete veces al día  y otras tantas veces viene a ti diciendo “me arrepiento’’, perdónalo’’.
¿Quién puede hacer eso entre el pecador y el perdonador? Ninguno de los hijos de los hombres. Yo lo pienso diciéndome a mi misma: ¿Hay una persona que puede pecar contra su hermano/a  siete veces el mismo pecado? Qué susto me dio.  Sí, yo misma  puedo pecar siete veces- y más aún- durante el día muchos pecados distintos; pero el mismo pecado, allí soy como Tomás que no creía que Jesús hubiera resucitado hasta que verle. La misericordia es uno de los principales temas bíblicos. Si no hay misericordia no hay vida cristiana, tampoco vida religiosa. ¿Por qué la vida religiosa? Os pongo un ejemplo de lo que me pasa: Si pido perdón a mi hermana o a la comunidad, me siento tranquila sabiendo que Dios me ha perdonado a través de ellas.  Al recibir el sacramento de reconciliación es mucho mejor. Muchas veces soy como el hijo pródigo. Como el Padre tiene la mano larga, me busca con su ternura, perdida en los pecados, y me hace volver a su casa. ¡Qué grande y bueno es el señor!

En este año de misericordia, estoy muy  agradecida al Padre. Como lo canta la Virgen María en su Magníficat, hace falta imitar a mi Madre cantando: EL PODEROSO HA HECHO OBRAS GRANDES POR MI, SU NOMBRE ES SANTO. Le doy gracias por la misericordia que tuvo conmigo en este año, al permitirme consagrarle toda mi vida en LA PROFESIÓN SOLEMNE EL DÍA 25 DE SEPTIEMBRE DE 2016 EN ESTE MONASTERIO CISTERCIENSE DE SAN BERNARDO EN VILLAMAYOR DE LOS MONTES. Ese día sentí en mi interior tan grande e inmensa la misericordia de Dios Padre. Porque fue una sorpresa que no esperaba que me surgiera. Verdaderamente fue un año misericordioso de Dios para mí. Gracias Dios Padre. Doy gracias a ustedes queridas Madres y Hermanas, por vuestra paciencia, al ver cómo cada una tuvo compasión de mí en este año de la misericordia. A quienes han sufrido más que las demás por mis culpas con ellas, les pido perdón doble. Cada una sabe cómo ha vivido conmigo.  Yo también  sufrí con algunas, y les perdono con todo mi corazón. A veces no es fácil perdonar por nuestra debilidad humana. Si caigo otra vez, que  tengáis misericordia de mí, por favor me reconozco que soy débil, y mi carácter os molesta mucho, lo siento. La obra de misericordia a veces nos toca, nos enseña, nos consuela, nos invita a perder el tiempo en otra cosa, haciendo una obra de misericordia a los más necesitados. Perder tiempo es cuando dejo mi propio trabajo ayudando a mi hermana en lo que necesita de momento. Esa es la obra de la misericordia. Tener la misericordia de las demás en esta vida nuestra CENOBÍTICA, ES UN PROCESO MUY IMPORTANTE EN LA VIDA CONTEMPLATIVA. Cuanto más seamos misericordiosas, somos samaritanas y Dios se acerca a nosotras con su perdón.

Lo que me ha aportado a mi vida diaria es dar gracias siempre al Padre por su Misericordia conmigo y pedirle ese don de ser misericordiosa conmigo y con ustedes Madres y Hermanas. Os pido oración para que Dios reciba mis deseos. Que la Virgen María, la Madre de Misericordia, nos llene de sus gracias que necesitamos para vivir el Evangelio de su Hijo, nuestro Hermano Mayor. AMÉN. VEN SEÑOR  JESÚS.  sor Aurora



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